Cuando la oscuridad es tu aliada

Nací en un pueblo de la sabana cordobesa en mi natal Colombia. Un pueblo con realismo mágico, de esos en los que se inspiraba Gabriel García Márquez para materializar Macondo. Un pueblo en el que las historias y las leyendas sobre fantasías y seres oscuros se entretejen en calles de luces tenues, en donde el silencio es ensordecedor.

Crecí desafiando a la oscuridad y a todo aquello que en ella supuestamente se ocultaba. Era una niña con muy buenas notas, pero con un carácter rebelde y desafiante. Necesitaba una explicación para todo. No aceptaba que un adulto me diera un llamado de atención sin sentido y sin motivos. Necesitaba saber que había hecho mal. Y eso no le gustaba a nadie y mucho menos a mi madre, quien tenía dos hijos más que se adaptaban al prototipo de vástago que todo aquel con deseos de descendencia anhela tener.

Pero yo era diferente. Era capaz de dar todo y también de quitarlo. El miedo que me daba la oscuridad era directamente proporcional a la angustia que me provocaban las matemáticas: nunca me dieron una explicación para entenderlas.

Cada vez que mi madre me regañaba, castigaba o me daba un azote, yo me refugiaba en la oscuridad.  La buscaba en su esencia, en el silencio de la noche porque si yo era capaz de vencer el temor que ella me provocaba sabía que podía vencer cualquier cosa, incluso la ausencia de afecto.

A veces, mi querido lector, la oscuridad no es la enemiga.  Si puedes verla como una maestra, como yo la veo, te ayudará a forjar tu carácter. A saber, que el miedo es una emoción, no un estado.  Que aquella sombra que ha tomado forma de un espeluznante monstruo sea solo la proyección de un hermoso árbol en el que encontrarás refugio en un día de intenso calor y deleite con la tonalidad de sus hojas al  extinguirse el verano.

Recuerda que muchos viven en la luz, pero caminan en las tinieblas.  Sin embargo, aquellos que han transitado por las extensas tonalidades de los grises saben que la vida no solo se da blanco y negro, si no que existe una inmensa gama de colores y solo tú decides como dibujarla.

Cuando dibujes tu vida hazlo en solitario.  Constrúyela tú, desde la base del negro hasta la claridad del blanco, para que aquellos que le añadan un poco de color no echen al suelo tus cimientos con su ausencia o su desamor.

¡No olvides nunca que el artista de tu vida eres tú, los demás solo  han servido de inspiración!

Te lo cuento…desde la experiencia.

¡Feliz Año Nuevo!

 

Yesenia.

 

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