Aprendiendo de nuestros mayores

Si la música es medicina para el alma, el baile es energía para el cuerpo.  Y verles a ellos llevar el ritmo al son de “Bailando” de Enrique Iglesias, es una lección de vida para quienes tenemos el placer de contemplarles. Desde que empezara el verano este grupo de  mayores-jóvenes (mayores en edad, jóvenes en espíritu) se reúnen  todas las mañanas de lunes a sábado  en el Parque de la Paz, en la localidad madrileña de Alcorcón.

Liderados por Mari Carmen Rodríguez Patiño, la instructora,  está cuadrilla  conformada por personas que oscilan entre los 40 y los 83 años practican, durante una hora, hasta cinco coreografías  bajo la atenta mirada de los transeúntes.

La primera vez que les vi fue una tarde de junio, un jueves para ser más exactos. Les divisé desde la parada del autobús, estaban bailando: “La ventanita” de Sergio Vargas.  Como latina y una eterna enamorada de la danza, se encendió en mí una chispa de energía y las ganas de ponerme a bailar con ellos. ¡Me dio envidia… de la buena!

Pero como todo lo humano tiene dos caras,  la opuesta a mi agradable visión fue un señor de unos 68 años (que  también esperaba el autobús) quien, con  el enfado en el rostro y la amargura en las palabras, criticó duramente a sus iguales.  Voy  a obviar el adjetivo que utilizó, pero la frase fue esta: “… ya no tenemos edad para esas cosas ni mucho menos para hacer el ridículo”

¿Quién le pone cifras a la alegría de vivir, de sonreír y de disfrutar?  Se lo que se siente cuando bailas en grupo y te deleitas con la música, cuando algunos pasos difíciles de conseguir  te salen después de mucho practicar…¡Es genial!  Eso con 26 años,  ¿te imaginas con 65?

mayores bailando

Ya me parecía algo sensacional el hecho de ver a personas que han culminado su vida laboral disfrutar con el baile sin sentir ningún tipo de  vergüenza o complejo. Pero después de hablar con Mari Carmen tengo que expresar toda mi admiración  y respeto hacia ella. Una mujer, que  de noviembre a marzo es voluntaria en el Hogar del Pensionista (Alcorcón) enseñando lo que mejor se le da: bailar. Y de junio a septiembre, por amor al arte,  dedica parte de sus mañanas a llenar de buena vibra la vida de las personas que bailan con ella y de las que por casualidad pasamos por el parque.

Mari Carmen Rodríguez PatiñoMari Carmen Rodríguez Patiño

Gracias a Mari Carmen y a su grupo por alegrarnos las mañanas con música, con danza, pero sobre todo por regalarnos un poco de su vitalidad, de su entusiasmo y por enseñarnos, por lo menos a mí, a  sonreírle a  la vida con unos pasos de baile.

Y termino este post con una frase del padre de Alfonsina, una hermosa mujer de expresivos ojos verdes quien me contaba lo orgullosa que se sentía  de Alberto, su esposo, porque a sus 83 años tenía un físico envidiable y  llevaba el ritmo mejor que nadie .

“No soy una persona mayor, 

Soy una persona de edad exagerada”.

 

 

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